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Tanto el dolor, el saqueo, la
gula, la barbarie, la infamia;
tanta cruz férrea, impiadosa,
y tanta fiebre, tanta espada;
tanta rodilla, tanta herida pus
cercada a ruina y a desprecio;
tanto desembarco, tanto oro
fundido (nunca más devuelto);
y sobre el hambre, el hambre
colonizadora siempre y ciega;
todo está, infama, todo, todo
lo que fue y alimentó a todo rey,
que la humanidad de América
conoció y reconoce en llaga,
carne propia, pozo, y es justo,
humano, necesario, elemental,
que hoy el pueblo español sepa
desde cuándo taja esta historia
de invasores, genocidas, locos
soberanos, rapaces, mafiosos,
racistas, fascistas, falangistas,
que es la misma, la misma
que desnudó al osado, soez rey,
cuya saca áurea es de América
(como el altar dorado de Sevilla),
y tiene sangre, brazos, sudor,
voz, voces, desnudez, aire
y memoria viva, nuestra América.
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